EL PAUPER Y LA FESTUM
En varios de sus artículos marxistas1, Enrique Dussel habla de los tres momentos que atraviesan las clases oprimidas una vez que el capitalismo se les presenta en su existencia. En primer lugar, tendríamos al pauper ante festum (pobre antes de la fiesta); luego al pauper in festum (pobre durante o en la fiesta); y, finalmente, al pauper post festum (pobre después de la fiesta).
Pauper ante festum "es el efecto de la disolución del sistema anterior", dice Dussel. Se refiere a la acumulación originaria, al proceso de desposesión original del capital. Recordemos que para Dussel, la modernidad empieza con la Conquista de América. Bolívar Echeverría agregaría: la modernidad capitalista. Es el momento en que el capital se reproduce fundamentalmente a través del Estado, conquistando nuevos mercados, privatizando la tierra, expropiando no solo a la nobleza, sino también y sobre todo el resto los bienes comunes.
Por supuesto, esta condición no se restringe a un momento fundacional del capitalismo, sino que es un elemento perpétuo y esencial de aquel como sistema histórico. Más cerca en el tiempo, podemos pensar el ejemplo literario del Martín Fierro, cuando al campesino autónomo de las pampas se lo adiestró por vago y no se le dejó ni la tapera. Los gauchos fueron unos de los tantos pauper ante festum. (Pero también nuestras biografías pueden sintetizarse en esa tríada: en la infanto-adolescencia, apenas sabemos qué es el trabajo, aunque estemos condenadxs a él; somos pobres, pero no lo sabemos.)
En fin, pauper ante festum es el trabajador que aun no se ha integrado a la producción de valor.
Pauper in festum es el momento de la explotación asalariada. El momento de la subsunción, donde el trabajador ya es parte del sistema. Ahora el trabajo se convierte en una mercancía (fuerza de trabajo) y la pobreza o la precariedad es la condición de ser explotado dentro del sistema. Ya no somos pobres porque no trabajamos, sino que somos pobres porque trabajamos. Explica Dussel que aquí:
"Ya se ha ocultado para el mismo trabajador la invisibilización de ser él mismo (o ella misma) la fuente creadora de todo: del valor, del plusvalor, de la ganancia industrial, comercial y del interés. Nada de eso pareciera pertenecerle. Ha sido desposeído, humillado, explotado, empobrecido, y además enceguecido: no sabe en su pauperitas in festum (el empobrecimiento o la pobreza en la fiesta del capital en el proceso de trabajo) que él o ella es quien crea toda la riqueza expoliada llamada capital".
La serie finaliza con el pauper post festum, el "pobre después de la fiesta". Es el trabajador que ha sido expulsado del sistema, el desocupado; en términos biográficos, es el jubilado. El proletario o proletaria se convierte en una víctima, alguien excluido del mercado laboral. Dussel lo relaciona con las masas marginales urbanas, es decir con la población sobrante en términos marxianos.

En todo este recorrido, el festum (la fiesta) representa la subsunción o integración del trabajo en el sistema capitalista, la explotación laboral, la producción de riqueza para la patronal y/o de capital político para el Estado.
Pero quisiera concentrarme en la figura intermedia, porque hoy el proletariado mundial sigue siendo mayoría en esa condición: pauper in festum. Hemos sobrevivido a la fase "me matan si no trabajo, y si trabajo me me matan", para pasar a su versión invertida: "me matan si trabajo, y si dejo de trabajar me matan". La crisis de acumulación en curso, originada en 1972 y potenciada por el 2008, es cada vez más drástica. El capital es cada vez más conciente de ella y de sus consecuencias demográficas, en la medida en que produce cada vez más población sobrante. Es decir, pauper post festum. Esto acelera la necesidad de destrucción de fuerza productiva obsoleta (sobre todo la humana), y volver a acumular por desposesión, con guerras y genocidios.
Sin embargo, aun somos mayoría la población ocupada, y ningún cambio tecnológico realmente puede torcer esa balanza demográfica mientras sea el trabajo vivo la fuente de todo valor, como debe serlo de hecho para que se sostenga la dominación del capital.
Mal que no pese, las más de las veces aun post festum seguimos in festum. Aún de reseca seguimos de gira, entregándoles la vida, con nuestra nuestra fuerza productiva ya desvalorizada hasta el tuétano. Entonces la precariedad es cada vez más aguda y más afilada sobre el cuerpo, que absorbe el sufrimiento, las penurias y los sacrificios de la parte maldito con su espalda proletaria.
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SOBRE EL MEMENTO MORI
Es entonces cuando aparece la conciencia de muerte del proletario. Memento mori significa en latín, literalmente, recuerda que morirás.
A pesar de su precariedad existencial, e proletario presenta resistencia porque sabe que va a morir, porque ha sido desengañado de cualquier paraíso futuro, porque quiere traer su destino prometido a la tierra, y porque ha visto lo que le hacen a los suyos en otros puntos del planeta. Enfrentado al designio de ser sacrificado por la riqueza ajena, entra en contradicción sistémica por su voluntad de ser el dueño último de su destino.
Partamos de que la explotación, como mediación de vida, es un presente concentrado. El momento Pauper in festum nos habla del sacrificio del cuerpo en la producción de plusvalía, pero también nos habla de su administración del ocio como forma de autodestrucción o autodesvalorización productiva, como metaforizaba más arriba. Es decir, el proletario empobrecido es un Prometeo con el hígado partido, regenerándose y degenerándose de un día para el otro.
Tomemos también, entonces, la fiesta en este segundo sentido, más literal ahora, por fuera de la producción de plusvalor. Es decir, tomemos la fiesta como exterioridad reproductiva.
Para eso podemos volver al fragmento de Walter Benjamin hablando del surrealismo, harto citado ya en este blog, sobre la potencia de "las fuerzas de la ebriedad para la revolución". Recordemos que no se refería a la ebriedad como estar literalmente alcoholizado, aunque tampoco lo excluya; sino, más bien, se refería a la ebriedad como lo que en Latino América podríamos entender como "la reserva cumbiera" que todxs llevamos dentro. No hablamos necesariamente del género musical, sino de todo el lore subjetivo, es decir espiritual y práctico-experiencial, que carga de fondo: la cultura carnavalera como cultura popular, como riesgo vital y subversión de sentidos, como expresión colectiva de la pulsión de muerte pero también del goce desbordado; y, por todo eso, como origen de casi todas las artes y las ciencias emancipatorias.

En este sentido, la combinación de sigilos (memento mori, pauper in festum; o recuerda que morirás, pobre de fiesta), sugiere una doble asociación de la memoria con la conciencia práctica. Por un lado, pensemos que la muerte, la conciencia de muerte, es siempre un recuerdo del futuro, por oximorónico o paradójico que les suene a quienes aun mantienen una concepción lineal del tiempo.
En segundo lugar, el estado in festum como momento en que la experiencia vivida es más intensa, y el presente está tan sobrecargado que parece condensar (y ya no concentrar) en sí mismo todos los tiempos (pasado y futuro, recuerdo y premonición). De este modo, la vida, la experiencia inmediata, termina siendo el eje de la rueda en los ciclos de los ciclos.
Como en el mito prometeico, la muerte no significa mucho más que un reinicio, dentro de lo que los indúes entenderían como Samsara. Es decir, también implica una reproducción material penurienta, sufrida, que tiene que ver inseparablemente con la toma de conciencia para su redención.
UNA VUELTA DE ROSCA
De acuerdo con nuestra intención de no profundizar un enfoque pesimista o victimizante, podemos pensarlo mejor desde en una práctica mágica para el marxismo gótico.
¿Qué quiere decir esto? Si Dussel enfatizaba en el trabajo vivo como fuente creadora de todo valor, también podemos pensarlo como potencia destructora de todo valor. La perspectiva estratégica de una huelga general puede entender de ese modo, de hecho: como la fuerza destructiva de las oprimidas en tanto negación. La huelga general es la bomba nuclear del proletariado.
Si me permiten un nuevo rodeo, creo que nos sigue siendo útil el mito de Prometeo, porque además está asociado por la cristiandad colonial a Satanás por sus similitudes con el mito del Ángel Caído, o "aquel que se rebeló contra dios o los dioses". A mí, personalmente, me gusta pensar al Diablo como se autodefine en la película de Marcell Jankoviks: "el primer espíritu de la negación", es decir, aquel que le promete al hombre un eterno desafío al dios omnipotente que signa sus destinos, un desafío a fuerza de voluntad histórica, de contrariedad y negación a los destinos preestablecidos. El personaje se presenta así:
"Donde está la vida, la muerte permanece cerca; la depresión viene después de la felicidad; las sombras son engendradas por la luz; en la esperanza está la duda... Donde estés, me verás ahí".
Pero sigamos. El memento mori nos ofrece una perspectiva de futuro, de muerte, sí, pero también de reproducción de la vida. Una perspectiva de todo lo que nos queda por delante y cómo, con la antorcha de lo recorrido atrás y con las fuerzas extraidas del futuro, es posible ir torciendo algunos caminos anticipados. Ese es el gesto vitalista que podemos desplegar desde abajo y a la sombra de la larga noche del capital.
Por otro lado, la cercanía fonética entre estar enfiestado y estar infestado no es casual. En el caso de la valorización del valor que encarna el trabajo asalariado, nos pertime hacer la asociación entre la fiesta de la producción y la sintomatología viral que inyecta esa relación como algo orgánico al cuerpo humano. Estamos infestados por el trabajo asalariado, si recordamos que el capital es "trabajo muerto parasitando trabajo vivo", como explica Marx en El capital.
Con todo esto quiero implicar que Memento mori Pauper in festum es como decir "la vida es corta, hacete trosca". Es una invitación a acuerpar la negación, haciéndonos cargo de la ambigüedad de la fiesta (como explotación capitalista y/o como desborde proletario). No para ceder del todo a las pulsiones de muerte, sino para trabajar con ellas. De hecho, bajo esta perspectiva, la elongación de la vida puede entenderse como una necesidad histórica del proletariado para sí mismo o consigo mismo. La conciencia de muerte, invertida en la conciencia materialista de vida, nos tiene que ayudar a estirarla, cosa de aprovechar la extensión de la experiencia para mejor reproducirla sobre la extensión del tiempo.
Al fin y al cabo, una mayor incidencia colectiva en el flujo de voluntades que intervienen en cada ciclo, va sumando fuerza política a lo largo de las generaciones proletarias, para que la interacción entre las luchas por las condiciones de vida y el deseo de negación sistémica se dé cada vez con mayor chispa en la larga noche del capital, aun si la propia vida no alcanza a vislumbrar siquiera su luz roja.
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- Ver, por ejemplo, Dussel, E. (2008). Marx y la modernidad: Conferencias de la Paz. Bolivia: Ediciones Rincón. ↩︎︎